lunes, 19 de abril de 2010

Estilo de Nietzsche


Se va acabando el curso de 2º de Bachillerato y Nietzsche va a ser uno de nuestros últimos filósofos. Hemos hablado un poco de su vida y de su estilo poético, diferente a lo que habíamos leido hasta ahora en otros autores. Para ir familiarizándonos con su escritura , a veces poética y a ves aforística, os incluyo dos fragmentos que además forman parte del texto propuesto para Selectividad y que analizaremnos en clase(si este programa desquiciado lo permite).


“El más grande de los últimos acontecimientos- que “Dios ha muerto”, que la fe en el Dios cristiano se ha hecho increíble- comienza ya a lanzar sus primeras sombras sobre Europa. Por lo menos para aquellos pocos cuyos ojos y cuya suspicacia en sus ojos es la bastante fuerte y fina para este espectáculo, precisamente parece que algún sol se haya puesto, que una antigua y profunda confianza se haya trocado en duda. Nuestro viejo mundo tiene que parecerles a éstos cada vez más vespertino, más desconfiado, más extraño y “más viejo”. Pero en lo esencial puede uno decir que el acontecimiento mismo es mucho mayor, mucho más lejano y más apartado de la capacidad de muchos que cuanto su conocimiento siquiera se permitiera tener por alcanzado.”
Nietzsche: La gaya Ciencia


2” Puede que estemos aun demasiado bajo las consecuencias inmediatas de este acontecimiento, y estas consecuencias inmediatas, no son para nosotros, al contrario de lo que pudiera esperar, tristes y tenebrosas en absoluto, antes bien como una especie de luz difícil de describir, como un felicidad, un alivio, un recreo, un sustento, una aurora…Efectivamente, nosotros, filósofos y “espíritus libres” ante la noticia de que el viejo Dios ha muerto, nos sentimos como iluminados por una nueva aurora; nuestro corazón se inunda entonces de gratitud, de admiración, de presentimiento y de esperanza. Finalmente se nos aparece el horizonte otra vez libre, por el hecho mismo de que no está claro y por fin es lícito a nuestros barcos zarpar de nuevo, rumbo hacia cualquier peligro; de nuevo está permitida toda aventura arriesgada de quien está en camino de conocer; la mar, nuestra mar, se nos presenta otra vez abierta, tal vez no hubo nunca aún, una “mar tan abierta”.
Nietzsche: La gaya Ciencia.

Ah ,la foto la comenté en clase cuando hablé de su relación con Lou Andreas Salomé.

miércoles, 14 de abril de 2010

Marx: la ideología


Nos encontramos estudiando la filosofía de Marx en 2º de Bachillerato. Uno de los conceptos fundamentales es el de ideología, como falsa conciencia enmascaradora de la realidad. Este texto de B. Brecht puede ayudar, a entender, en líneas generales, la cuestión de la ideología y su papel en la sociedad.


— Si los tiburones fueran hombres -preguntó al señor K. la hija pequeña de su patrona- ¿se portarían mejor con los pececitos?
— Claro que sí -respondió el señor K.-. Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar cajas enormes para los pececitos, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta, en seguida se la vendarían de modo que el pececito no se les muriera prematuramente a los tiburones. Para que los pececitos no se pusieran tristes habría, de cuando en cuando, grandes fiestas acuáticas, pues los pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes. También habría escuelas en el interior de las cajas. En esas escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Estos necesitarían tener nociones de geografías para mejor localizar a los grandes tiburones, que andan por ahí holgazaneando.
Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría; también se les enseñaría a tener fe en los tiburones, y a creerles cuando les dijesen que ellos ya se ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececillos deberían guardarse bien de las bajas pasiones, así como de cualquier inclinación materialista, egoísta o marxista. Si algún pececillo mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo inmediatamente a los tiburones.
Si los tiburones fueran hombres, se harían naturalmente la guerra entre sí para conquistar cajas y pececillos ajenos. Además, cada tiburón obligaría a sus propios pececillos a combatir en esas guerras. Cada tiburón enseñaría a sus pececillos que entre ellos y los pececillos de otros tiburones existe una enorme diferencia. Si bien todos los pececillos son mudos, proclamarían, lo cierto es que callan en idiomas muy distintos y por eso jamás logran entenderse. A cada pececillo que matase en una guerra a un par de pececillos enemigos, de esos que callan en otro idioma, se les concedería una medalla de varec y se le otorgaría además el título de héroe.
Si los tiburones fueran hombres, tendrían también su arte. Habría hermosos cuadros en los que se representarían los dientes de los tiburones en colores maravillosos, y sus fauces como puros jardines de recreo en los que da gusto retozar. Los teatros del fondo del mar mostrarían a heroicos pececillos entrando entusiasmados en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que, a sus sones, arrullados por los pensamientos más deliciosos, como en un ensueño, los pececillos se precipitarían en tropel, precedidos por la banda, dentro de esas fauces.
Habría asimismo una religión, si los tiburones fueran hombres. Esa religión enseñaría que la verdadera vida comienza para los pececillos en el estómago de los tiburones.
Además, si los tiburones fueran hombres, los pececillos dejarían de ser todos iguales como lo son ahora. Algunos ocuparían ciertos cargos, lo que los colocaría por encima de los demás. A aquellos pececillos que fueran un poco más grandes se les permitiría incluso tragarse a los más pequeños. Los tiburones verían esta práctica con agrado, pues les proporcionaría mayores bocados. Los pececillos más gordos, que serían los que ocupasen ciertos puestos, se encargarían de mantener el orden entre los demás pececillos, y se harían maestros u oficiales, ingenieros especializados en la construcción de cajas, etc. En una palabra: habría por fin en el mar una cultura si los tiburones fueran hombres.

B. Brecht: Historias de Almanaque


lunes, 12 de abril de 2010

El Fotorealismo de Richard Estes


En relación al tema sobre la experiencia estética hemos estado comentando algunas tendencias pictoricas. Hemos visto los cuadros realistas de Antonio López, en concreto sus obras sobre la Gran Vía de Madrid. También nombré a un autor hiperrealista llamado Richard Estes.


Sus cuadros son como fotografías. Si los de Antonio López os parecieron fieles copias de la realidad, contemplad estos y quedareis admirados. Por cierto esta forma de componer se llama pintura fotorealista.